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Una realidad paralela: la normativa turística

Con el paso de los meses, el sector turístico está retomando su actividad en todo el mundo. Bien es cierto que, hemos cambiado, nuestra forma de consumir productos turísticos y también nuestro modo de desenvolvernos en esta nueva normalidad, pero, la necesidad de viajar, la seguimos teniendo.

En una región, como Castilla-La Mancha, donde nuestra economía está tan apegada al territorio, donde nuestros campos, nuestros paisajes y, también, por qué no decirlo, nuestros diversos paisanajes, nos han hecho ser como somos, es preciso que las políticas que nos rigen estén tan apegadas al territorio y sus gentes como sea necesario. Alejarse de ello, significa, en nuestra tierra, que vayamos siempre a rebufo de las tendencias, por detrás en las estadísticas y a la cola en las ratios de crecimiento y niveles de renta. Y en los decretos turísticos de Castilla-La Mancha se nota que los gobernantes levitan y no pisan la tierra.

Durante estos últimos años, el sector turístico, que iba tan rápido, que crecía exponencialmente y ha supuesto la tabla de salvación de la economía nacional en la anterior peor crisis económica del siglo XXI, ha sufrido una paralización tan brusca como dura. En esta crisis, el sector que ha salido más castigado, y con peores perspectivas, ha sido el sector turístico, porque no tiene certidumbres a futuro. Y no ha habido, ni hay, un plan de salida o recuperación con apoyo y acompañamiento tácito de la Administración para tratar de minimizar los daños sobrevenidos.

En materia turística nos estamos encontrando con unas políticas de parches, en las que los cambios normativos generalizados, están, como se dice coloquialmente, “tirando con pólvora del rey”. ¿Por qué? porque la ronda la pagan otros, los empresarios. El gobierno regional, mientras tanto, se dedica a silbar, sin importarle la situación y exigiendo cambios leoninos. Las inversiones, que han de significar la búsqueda de nuevas oportunidades para los negocios, no están siendo una apuesta por la competitividad de nuestra industria turística, sino que se está obligando a una revolución, por ejemplo, en materia de alojamientos rurales, sin tener en cuenta la realidad de nuestro territorio ni la situación económica que estamos padeciendo.

Por poner un ejemplo, un requisito nuevo para las casas rurales es el equipamiento de aire acondicionado en todas las estancias a las que obliga la nueva legislación. Esto supone equiparar una casa rural con un hotel de 4 – 5 estrellas. No olvidemos que estas casas rurales son pequeños negocios, complementarios, muchos de ellos, a la actividad principal de un agricultor o ganadero, de un empresario o funcionario que quiere obtener un complemento para la economía familiar a través de un alojamiento cuidado, modesto, pero competitivo en su mercado. Y, la desconexión con la realidad viene por el desconocimiento o impacto desmedido que supone, en un pequeño municipio, en una casa antigua, de muros de adobe, bien orientada y con una construcción tradicional la instalación de una infraestructura que no va a tener uso porque, en realidad, no es necesaria.

Obligar a nuestras casas rurales a cumplir una serie de requisitos, verdaderamente prescindibles o complementarios y superfluos al producto principal, según lo que refiere el Decreto 88/2018 de 29 de noviembre, deja fuera de mercado a nuestros alojamientos, porque, los costes, se comen a los ingresos y perdemos posicionamiento, por precio, con respecto a la competencia. Podríamos competir de tú a tú con comunidades autónomas limítrofes en un mercado tan exigente, pero nuestra oferta se ve limitada y gravada por el gobierno regional y, de nuevo, nos vamos quedando atrás.

Hoy en día, más del 60% de las casas rurales de Castilla-La Mancha, según datos públicos del gobierno regional, incumplen la normativa reseñada anteriormente, porque les es imposible hacer esta transformación. No tienen fondos para la conversión, y las ayudas regionales son inalcanzables, con una alta complejidad burocrática y una carga tributaria inasumible.

No contentos con estas obligaciones forzadas, la insensibilidad de la administración regional ha llegado con una misiva a todos los propietarios de casas rurales en la que avisa de la próxima visita de los inspectores y las más que seguras sanciones que les van a caer por el mero hecho de no instalar una máquina de aire acondicionado en una casa en Molina de Aragón, o en la Manchuela o en los Montes de Toledo, con un uso más que discutible a lo largo del año.

Y, abundando en esto, ¿qué tendría que haber dicho la Consejería de Desarrollo Sostenible sobre el aumento del consumo energético? ¿y sobre el calentamiento global que producen este tipo de aparatos? Ya no sólo hablamos de costes de instalación y mantenimiento, a todas luces, muy por encima de las posibilidades de las casas rurales de nuestra región, y de su viabilidad económica, sino que, las alharacas del gobierno regional en pro de la sostenibilidad y el cuidado del medioambiente, sus anuncios para reducir el calentamiento global son un mero postureo.

Aludir a una apuesta por la calidad en el servicio, sería, de nuevo, otra quimera de cara a la galería, porque, nuestras casas rurales han cumplido a rajatabla con la categorización por espigas, cumplían con unos requisitos, pero las han dejado fuera de ley con unos nuevos que las equiparan con hoteles de 4 – 5 estrellas, y ¿quién paga esa ronda? ¿con qué intención?

Las herramientas de financiación ya sean con fondos regionales, nacionales o europeos, tienen que ser atractivas para nuestros empresarios, pero, si no se consumen dichos fondos, significa que algo o alguien está fallando. La necesidad es real, la oportunidad es plausible, pero si los empresarios no están utilizando estas herramientas es porque al gobierno o no le interesa, o no sabe promover su utilización.

Es necesario, apostar por una política seria, que no levite, que trate de tú a tú con la realidad de nuestra tierra. Necesitamos que el gobierno de Castilla-La Mancha se dedique a legislar pero que ello no suponga poner palos en las ruedas de nuestros pequeños empresarios en el medio rural de nuestra región. Necesitamos que no vivan una realidad paralela que deja en fuera de juego el desarrollo y crecimiento de oportunidades laborales y empresariales en nuestros pueblos.

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